Lo “malo” es que la pregunta se las trae, porque trata sobre la custodia sobre niños de corta edad, y lo voy a ampliar al régimen de visitas.

La pregunta ha sido la siguiente:

“Custodia compartida en bebés: Yo la pretendo con el mío, creo que necesita mucha estabilidad, pero ¿por qué esta tendencia a la compartida?…¿una moda?…con niños mayorcitos quizá… pero en mi caso sólo tiene 20 meses….  No me he explicado bien… En mi caso yo No deseo la custodia compartida sino que mi peque esté conmigo y por supuesto que también vea a su papá.”

Para leer bien esta entrada hay que prescindir de prejuicios de todo tipo. Debe desprenderse usted de su cualidad de hombre o de mujer, de madre o de padre, para meterse en la piel de un niño. Siempre se suele decir que hay que obrar atendiendo al supremo interés del menor, pero pocas veces los padres obran con ese sentido y esa finalidad. Aunque es comprensible.

La pregunta se centra en la custodia compartida, pero voy a ampliarla a la custodia en general y al régimen de visitas, porque veo mucho en mi Juzgado ciertas ideas preconcebidas que generan mucha polémica y alimentan la espiral de rencor. Un Juez nunca puede tener ideas preconcebidas a modo de cliché, porque cada caso, cada familia, es un mundo aparte y debe estudiarse partiendo de cero para hacer un “traje a medida”.

Como ya comenté en una entrada anterior, en más de un 90% de las veces se pide la custodia atendiendo exclusivamente a las necesidades emocionales y afectivas de quienes la piden, no a lo más beneficioso para el niño. Y eso no sólo es comprensible sino que no merece ninguna crítica. Perder un hijo es algo antinatural, y en el caso de una ruptura matrimonial ambos padres buscan por todos los medios evitar esa pérdida o mitigarla lo máximo posible. Por amor a sus hijos.

Así, cuando se trata de niños de muy corta edad las madres tienden a acentuar la importancia de mantenerlos estables en el mismo entorno, con los menos cambios posibles, mientras que los padres tienden a reducir esa importancia para facilitar la movilidad del niño y permitir así un régimen de visitas amplio. En el caso de lactantes las madres tienden a aumentar la importancia de la lactancia mientras que los padres tienden a disminuirla.

Evidentemente los niños pequeños necesitan estabilidad y la lactancia materna es sin el menor género de dudas lo más beneficioso y recomendable para los recién nacidos. Cuando una madre defiende estas circunstancias realmente piensa en el interés de su hijo. Evidentemente también los niños pequeños necesitan también el contacto con su padre. Cuando un padre defiende la importancia del contacto con su hijo también piensa en el interés del niño. Ambos tienen razón. Las necesidades planteadas tanto por el padre como por la madre son reales e innegables.

Así que ¿cómo conciliar o equilibrar todas estas necesidades? Si preguntamos a una mujer casi con total seguridad pondrá el énfasis en la estabilidad y en la lactancia materna. Si preguntamos a un hombre, casi con total seguridad pondrá el énfasis de la necesidad de la presencia de ambos padres.

El tema de la estabilidad, de la necesidad de que el niño no varíe de domicilio por el trastorno que ello le supone, es real. Sin embargo me suelo encontrar con continuas contradicciones en este punto. Es muy frecuente que se alegue esta necesaria estabilidad pero sin embargo antes de la ruptura era habitual que el niño fuese a dormir a otro domicilio (casa de los abuelos, chalé del fin de semana, etc.). También es frecuente encontrarme con pleitos antes de los períodos vacacionales y que la madre reconozca que tiene previsto desplazarse durante las vacaciones, lo cual es normal. Así que salta inmediatamente la pregunta: ¿por qué resultan tan perjudiciales los desplazamientos a casa del padre para realizar las visitas cuando aparentemente no lo parecen esos otros desplazamientos a otros lugares?

La lactancia es un tema más delicado. Nadie puede negar los beneficios que en la salud y en la psicología de un recién nacido produce la lactancia materna. Pero en muchas ocasiones me encuentro con peticiones de un régimen de visitas en la práctica inexistente alegando esta lactancia, “permitiendo” al padre estar con su hijo tan sólo unas horas a la semana. Hoy en día se está abriendo camino en los Juzgados y en las Audiencias Provinciales la posibilidad de que la madre se extraiga la leche y la conserve para que la suministre el padre. La extracción de leche es algo muy habitual, prácticamente todos conocemos de primera mano a una mujer que se ha visto en la necesidad de extraerse la leche. Un caso muy habitual que me han comentado amigas varias veces es cuando se extinguen las dieciséis semanas de permiso de maternidad y se tienen que incorporar al trabajo pero quieren seguir con la lactancia materna. Así que salta inmediatamente la pregunta: ¿por qué no resulta perjudicial extraerse la leche para ir a trabajar o por la causa que sea pero resulta tan perjudicial e inadmisible cuando la extracción tiene por finalidad fomentar algo tan importante y esencial como es la relación y el contacto entre el niño y sus dos padres, padre y madre?

La razón de ser de las últimas preguntas de estos dos últimos párrafos es la misma y se da mucho en cualquier tipo de controversia derivada de una ruptura: lo que antes (cuando el matrimonio estaba bien avenido) estaba bien, ahora (cuando el matrimonio se ha separado) está fatal. Sin embargo es un error pretender mantener tras una ruptura las circunstancias que sólo pueden darse cuando el padre y la madre viven y conviven juntos.

Generalmente se suele decir que con un sistema de visitas de fines de semana alternos y mitad de vacaciones el padre sigue siendo padre. Nada hay más lejos de la realidad. Si usted goza de fines de semana alternos desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la tarde estará con sus hijos dos fines de semana al mes (alguno tres), lo que hace cuatro días al mes. Usted que me está leyendo: ¿le gustaría esa reducción tan brutal del contacto con sus hijos?

Ahora retomemos la cuestión acerca de los hijos pequeños: ¿qué sucederá con un niño de quince o veinte meses que sólo ve a su padre cuatro días al mes? Tal y como comenté al comienzo de esta entrada, hay que prescindir de prejuicios de todo tipo. Debe desprenderse usted de su cualidad de hombre o de mujer, de padre o de madre, para meterse en la piel de ese niño. Y verá que la respuesta se mostrará con contundente claridad: ese señor tarde o temprano dejará de ser la figura paterna de ese niño.

¿Por qué? Porque recientes estudios neurobiológicos demuestran que los lazos afectivos se forjan en los tres primeros años de vida. Como es bien sabido, el cerebro no se termina de formar en el vientre materno, sino que termina de formarse durante los tres primeros años de vida. Este descubrimiento es relativamente reciente, de hace unos veinte años más o menos. Anteriormente se pensaba que el niño en el momento de nacer ya tenía plenamente desarrollado su cerebro sobre todo por factores genéticos. Así se creía que sus primeras experiencias vitales no tenían ningún impacto. Ahora se ha demostrado que el proceso es más complejo y que en él tiene una gran influencia el medio ambiente y las experiencias vitales del niño.

La mayor parte de las sinapsis o unión/conexión entre las neuronas cerebrales se desarrolla de una forma primordial en los tres primeros años de vida y se mantiene estable en los primeros diez años. Y, romanticismos idealistas aparte, la afectividad es también un proceso bioquímico que tiene lugar en el cerebro. Así las cosas los lazos afectivos entre un niño y sus padres se desarrollan sobre todo en esos tres primeros años de vida. Y si no se tiene cuidado, esos lazos pueden no crearse. Y la mejor forma es fomentar el contacto entre los niños y sus dos padres.

Esa es la razón por la que debe fomentarse el contacto entre el niño y el progenitor no custodio, sea como sea. Porque de lo contrario el niño perdería un padre. Nunca lo sentiría como tal por esa falta de contacto.
Tradicionalmente, y aún lo veo hoy en día, la gente ha entendido que no debe concederse pernocta con niños de corta edad para evitarle los trastornos que le supondría dormir en una habitación que no es la suya habitual. Bien, esos trastornos pueden darse en las primeras ocasiones, pero los niños se adaptan rápidamente y en poco tiempo esa segunda habitación no será en absoluto algo extraño para él.

Así que amiga L., y respondiendo a tu pregunta en una única frase, si quieres que tu hijo crezca con un desarrollo sano y completo de afectividad hacia su padre, si quieres que de verdad sienta que tiene un padre y quieres que quiera a su padre, debes fomentar el contacto con él aunque ello te suponga “desprenderte” de tu hijo más tiempo del que te gustaría. ¿Custodia compartida? Te lo aconsejo. Pero según estás leyendo esto probablemente lo que estés pensando no sea desde la perspectiva de tu hijo sino desde el dolor que te supone a ti estar separada de él, ¿verdad? Vuelvo a deciros lo mismo: hay que prescindir de prejuicios de todo tipo. Debes desprenderte de tu cualidad de hombre o de mujer, de padre o de madre, para meterte en la piel de ese niño. Si fueses ese niño ¿preferirías estar en tu habitación de siempre o estar con tu padre?

Un beso. A ti y a todas a las que no os habrá gustado NADA esta entrada. Y no soy machista o “pro hombre”, como me acusa una con sus comentarios en otras entradas. Soy paternalista con los niños. Por encima, muy por encima, de sus padres, sin importarme si son hombres o mujeres.

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