Es una obviedad que las cosas ya no son lo que eran; que no vivimos de la misma forma y modo en la lo hacían nuestros abuelos. Ya no existe (o al menos es una rareza), el modelo de familia al que llamamos «tradicional», o esa estructura estirada y encorsetada de antaño, en la que la madre no trabajaba, se dedicaba al cuidado de los hijos y del marido, era impensable tener vida propia y lo lúdico se limitaba a salir en familia los Domingos con la mejor ropa. Me refiero incluso a esa época en la que el padre era el gran ausente al que todos temían, e incluso al que los hijos llamaban de usted.

 Tampoco hace tanto tiempo de eso, pero sí es cierto que la sociedad, y por tanto nosotros, ha evolucionado muy rápidamente, asimilando de esta forma nuevas pautas familiares y educativas, así como provocando que modifiquemos nuestro modo de desenvolvernos.

Como es natural, de igual modo han evolucionado las leyes. De hecho nuestro actual Código civil en su artículo 3, al hablar de las normas, establece que éstas se interpretarán de acuerdo con la realidad social del tiempo en el que han de ser aplicadas.

En esta sentido, a ningún abogado se le ocurriría, a no ser que quisiera hacer el ridículo, pretender aplicar en un proceso de divorcio por ejemplo, un código civil del siglo pasado, que por cierto contenían en su articulado algunas normas que me han hecho escandalizarme al leerlas por lo descabelladas que pueden resultar ahora.

Sirva de ejemplo el art. 60 del Código Civil de 1930 que decía «el marido es el representante de la mujer. Ésta no puede, sin licencia, comparecer en juicio», o el artículo 61 «tampoco puede la mujer, sin licencia de su marido, adquirir bienes o vender los suyos».

La mujer por tanto, no tenía voz ni voto tan siquiera para decidir sobre su propio patrimonio, como si de una incapaz de tratara. Pensemos que nuestras madres y abuelas tuvieron que acatar semejantes normas sin rechistar.

Toda esta introducción para llegar al tema de este artículo que no es otro que la tan traída y llevada custodia compartida, que ahora más que nunca es motivo de debate constante al estar todos pendientes de una última reforma legislativa que sin duda va a suponer un antes y un después en lo que se refiere a los procedimientos de familia cuando existen hijos menores. Me refiero a la reforma propuesta por el ministro de Justicia, Alberto Ruíz-Gallardón, el cual se ha comprometido en el Congreso a presentar en seis meses una Ley nacional sobre esa materia.

Aplaudo sin duda esta iniciativa por que en primer lugar, ya es hora de que exista una normativa única en una materia tan sensible como es la referida a la custodia de los niños; me parece un despropósito que los españoles se vean afectados por diferente normativa según viva en Navarra, Cataluña ó Andalucía. No es eso lo que dice nuestra Constitución.

Por otra parte, estoy segura que esta reforma va a servir para que ninguna de las partes tenga una posición de fuerza ante una ruptura con todo lo que eso lleva consigo de injusticia, y eso sin duda va a ayudar a lograr que los niños no sean monedas de cambio, ni garantes de intereses personales. Pensemos más en su felicidad y bienestar y mucho menos en la nuestra; a veces ambas cosas no coinciden. Quizás en este punto sea apropiado citar una frase de Concepción Arenal: «A veces creemos que somos generosos cuando no hemos sido más que justos».

Soledad Benítez-Piaya Chacón es abogada especialista en Derecho de Familia.

http://mascustodiascompartidas.wordpress.com/2013/02/21/el-dilema-de-la-custodia-compartida/

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