Con motivo del día del padre los colegios se llenan de manualidades y regalos sorpresas destinados a esos superhéroes que son para los niños sus papás. Porque para ningún niño (y lo siento en el alma por las excepciones) nadie es mejor ni sabe más que su papá.

Bien, pues estaba yo pensando en los niños que por culpa de un régimen de visitas, ese día no les va a tocar pasar un ratito con ellos. Dejarán el regalo en la mochila y perderán la ilusión al salir del cole porque “no les toca” ver a papá, y dado que el porcentaje de divorcios ya casi supera el de parejas que mantienen la relación, asusta pensar en el número de pequeños afectados. Nos preocupamos más de comprarles cualquier cosa que nos pidan, que de llenarles esas lagunas que dejan estos momentos en su alma, porque no me cabe duda de que estas cosas marcan… Dejarán ese regalo en espera hasta el momento de volver a ver a su padre. ¿Seremos algún día capaces de dejar de pensar en nosotros, capaces de flexibilizar, de entender que los hijos no se divorcian, que necesitan a mamá y a papá? La solución es muy fácil, solo hay que pensar en los niños.

Lola Pistón

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