Estudio comparativo por Jose Luís Sariego Morillo

Abogado y Mediador Familiar

http://www.lexfamily.es/revista.php?cte=13

 

1.- INTRODUCCIÓN

 

En el año 2008 decidimos hacer un estudio sobre los beneficios de la custodia compartida sobre una muestra de 378 familias con las que habíamos trabajado en procesos de gestión y mediación en casos de ruptura de pareja. En dicho estudio partimos de datos objetivos de los tipos de familia (organización económica y jurídica, número de hijos, etc.), y estudiando aquellos aspectos valorados por los miembros de estas familias, durante, y tras la separación y/o el divorcio de la pareja que la había conformado.

 

Tras la buena acogida que ha recibido el estudio de 2008 sobre la custodia compartida, detectamos que habían preguntas que habían quedado en el aire sin respuestas, y la principal era: ¿es mejor o peor para los niños y niñas de padres separados vivir bajo un sistema de corresponsabilidad parental (custodia compartida) o bajo una custodia exclusiva de uno de sus progenitores? Otras preguntas que nos formularon tenían que ver con niveles de violencia, niveles de satisfacción de los niños/as en custodia exclusiva, consumo de drogas y/o alcohol, alienación parental, etc.

 

Así que tomamos nota de estas preguntas que nos fueron haciendo una vez y otra en muchos lugares y nos pusimos manos a la obra.

 

Aunque hemos llevado a cabo unos cuantos casos más de custodia compartida desde el anterior estudio, para no trastocar tanto los datos con el anterior, decidimos utilizar aquellos datos para hacer este estudio comparativo. Hemos cerrado los datos de las familias con custodia exclusiva en el año 2008 también, para hacerlos coincidir en el tiempo.

 

También hemos decidido quitar algunos datos que no son de tanto interés para el público en general, deducción a la que hemos llegado por las preguntas que se nos han ido formulando en distintos sitios donde hemos sido invitados a explicar el estudio de 2008.

 

Asimismo, hemos introducido nuevos datos y variables que sí han interesado a la gente y profesionales, y que afortunadamente, hemos podido extraer de las fichas de los casos que poseíamos.

 

La metodología llevada a cabo ha sido, como explicábamos en el anterior estudio sobre la custodia compartida, la del uso del sistema de mediación Coy&Sariego, consistente en entrevistas semiestructuradas desde el primer contacto con la/s persona/s afectada/s, puesta en práctica de los acuerdos alcanzados tras primeras sesiones de mediación, posterior ajuste, legalización y seguimiento a los dos y tres años de la situación familiar.

 

En los casos adversariales, hemos realizado estas entrevistas sólo a nuestros/as clientes, y más tarde a los dos y tres años hemos ido viendo la evolución de sus situaciones personales y familiares, ora entrevistas, ora mediante nuevas consultas realizadas.

 

Debemos indicar que la mayoría de las veces (85%) se ha logrado el éxito de la mediación en la toma de decisiones de forma pausada y meditada. No se les puede decir a las personas en conflicto que tienen un plazo equis para alcanzar un acuerdo (tal como aparecen en leyes aprobadas en nuestro país), ya que ello genera un estrés adicional al propio del conflicto. Así, la mayoría de los casos mediados objeto en este estudio, han tenido un proceso medio entre tres y seis meses. Aquellos en los que pareja ha sido impacientes y querían llegar a un acuerdo rápido, las nuevas situaciones conflictivas ha sido de mayor envergadura que aquellas que han tenido un tiempo de reflexión a cada paso que se daba, avanzando hacia el acuerdo definitivo.

 

El fracaso de más de la mitad de procesos de mediación llevados a cabo en nuestro país a raíz de las leyes de mediación autonómicas, lo son porque establecen plazos muy cortos para lograr los acuerdos, además de partir de una ley del divorcio que permite el derecho de veto de una de las partes (mayoritariamente la madres) para obtener una custodia compartida. Si una de las partes se niega a la custodia compartida, es muy difícil, alcanzar acuerdos en el resto de las cuestiones.

 

No son las leyes de mediación, como las que están en curso, las que solucionen los problemas de la gente, sino leyes que modifiquen las soluciones legales y no legales al conflicto, como por ejemplo qué hacer con la casa o los bienes comunes, la obligatoriedad de la custodia compartida de los hijos tras la separación de la pareja y la liquidación de los bienes de la pareja, las que ayudarán a que puedan solucionarse los conflictos de familia de forma pacífica. Si no hay una ley que establezca que los hijos son responsabilidad de ambos progenitores por igual, no es posible la mediación, ya que el principio básico de la mediación es la igualdad (la LVSM de 2004 prohíbe la mediación debido a esta desigualdad entre supuesto agresor y supuesta víctima) de las partes en la negociación. Si no existe dicho trato igualitario en la ley a aplicar, la mediación no es posible. Si partimos de una base legal donde la custodia exclusiva de los hijos es la “norma” y lo anormal es la compartida igualitaria y equilibrada, lógicamente, cualquier mediación está abocada al fracaso, o tiene pocas posibilidades de lograr un éxito perdurable y estabilizador de los menores.

 

Es como si en un conflicto entre dos empresarios, se hace mediación, partiendo de la base de que quien factura más, tiene mayor poder de decisión que el otro. Eso no es mediación, es conciliación o arbitraje. Esto es, imposición de factores previos de desigualdad de trato.

 

Para que haya una auténtica mediación, debe existir un pie de igualdad entre las partes, pero mientras existan leyes que pongan en pie de desigualdad a una de las partes, toda mediación que se realice en nuestro país, será otro recurso inútil, ya que una de las partes se sentirá obligada (que no libre) a firmar acuerdos de divorcio desigualitarios, que traerá consigo nuevos tipos de conflictos, no previstos por nuestros gobernantes.

 

 

La experiencia en otros países donde se ha puesto en práctica leyes de mediación con límites de tiempos para alcanzar acuerdos (métodos como el de la escuela de Harvard), o partiendo del trato desigual de las partes en conflicto (ley de divorcio 2005), han demostrado su fracaso y la aparición de nuevos conflictos antes inexistentes o prácticamente inexistentes. Sustracción de menores, suicidios de menores, violencia entre hermanos de un solo progenitor, incremento de casos de violencia sobre la mujer, etc.

 

La mediación no debe ser una ley, sino una cultura basada en el diálogo y el respeto a las opiniones de los demás. La mediación, como todo lo que tocan los políticos, se convertirá en una institución o industria de servicios a manos del poder político vigente en cada momento, en vez de una asignatura más de educación para la ciudadanía, que es lo que a nuestro entender debería ser.

 

Volviendo a nuestro estudio, debemos decir que las entrevistas del mismo, se han realizado justo en el primer momento de la separación, y después a los dos y tres años desde la sentencia, siendo por tanto este estudio de carácter longitudinal. Esto es, que no nos dice que ha pasado en un divorcio, sino que nos da respuesta a preguntas a medio plazo, tales como:

 

¿Qué pasó con la pareja a los dos años del divorcio?

¿Los niños y niñas fueron más felices o menos, según la custodia establecida?

¿Aparecieron casos de Síndrome de Alienación Parental (SAP)?

¿Hubo maltrato psicológico a los/as hijos/as durante o tras el divorcio?

¿Hubo incumplimientos graves de obligaciones y derechos?

¿Fue más fácil o no liquidar los bienes?

¿Hubo más o menos violencia antes, durante y tras el divorcio?

Y un largo etcétera.

 

En todas las entrevistas, tanto para casos de CC (Custodia Compartida) como de CE (Custodia Exclusiva) se utilizaron datos personales, profesionales, estudios, motivación, causa, etc. También se reunieron datos sobre la salud, tanto física como mental, consumo de drogas legales y no legales, así como de las relaciones familiares extensas y de las sociales. Se tuvo en cuenta también el nivel de vida, la disponibilidad de los tiempos y espacios de ambos progenitores, y otros datos que se consideraron relevantes. Es muy importante saber que en el trasfondo de todo conflicto de pareja, existe un alto porcentaje de enfrentamiento cuando se habla de dinero, ya que en el fondo, según los datos que poseemos, casi el 85% del tiempo empleado en la negociación o en el enfrentamiento judicial, versaba sobre este tema. En los casos adversariales, estos tiempos alcanzaban hasta el 95% del tiempo de discusión. Nos ha llamado poderosamente la atención que, el tema de la organización del reparto del tiempo de los hijos es lo que menos interesaba a los progenitores custodios, con tal de obtener esta supuesta ventaja, ya que obtener la custodia añadía de forma automática el hecho de obtener dinero a cambio.

 

            Tenemos que hacer un paréntesis en este punto, ya que como profesionales y como personas defendemos una cultura de gestión pacífica de los conflictos, donde el sistema judicial de resolución de conflictos debería ser residual y no el principal medio de resolución de problemas, donde el diálogo y el conocimiento mutuo, y el desarrollo de nuevos modelos de habilidades y técnicas de relaciones interpersonales debería ser instaurado en colegios, escuelas y empresas, pero nos hemos topado, lógicamente, con una gran contradicción de nuestras propias ideas a la hora de afrontar casos puramente adversariales, donde los puntos principales a valorar son:

 

 

Ganar – Perder.

El dinero es lo más importante.

Quien se queda con los/as hijos/as se queda con la casa.

Aceptación de un uso antisocial de la ley (amenaza, coacción, denuncia sin causa de malos tratos, etc.).

La insensatez.

El fin justifica los medios.

Aceptar la violencia verbal o psíquica.

Aceptar que un tercero desconocido/a decida sobre la vida de nuestro/a cliente.

 

           

Lógicamente los resultados, así como las respuestas a nuestras preguntas son bastantes distintas en aquellas personas que han optado por una vía de solución tradicional, donde la amenaza, la coacción, el insulto, el dinero, etc. son monedas de intercambio, a las que han optado por una vía distinta, donde el diálogo, la empatía, la solidaridad, el altruismo y el bien común son los pilares básicos.

 

Al igual que en nuestro estudio sobre CC anterior, reconocimos haber aprendido nuevas cosas cada día e incluso de las propias familias con las que trabajábamos, hemos de reconocer aquí que, en casos adversariales, también hemos aprendido tácticas perversas (que causan daño intencionadamente) y estrategias de persuasión y de obtención de fines para nuestros clientes que nunca hemos tenido que usar en nuestra labor como mediadores.

 

Hemos de destacar, asimismo, el miedo que los abogados y abogadas han mostrado ante nuestra intervención como mediadores, en la creencia que sentían que perdían el “control” o el “poder” de decisión que su cliente les había otorgado.

 

Esta creencia de disponer el poder de decisión, es el mayor hándicap con el que nos hemos encontrado. Así, abogadas y abogados han optado por una de estas dos posturas:

 

1.- Oponerse frontalmente a cualquier intento de mediación.

2.- Permitir la mediación, ocultando su existencia hasta conocer las pretensiones de la parte contraria, y asesorar a su cliente/a una vez obtenida la información necesaria para que abandonase la mediación, e instar una demanda judicial de forma torticera.

 

 

No debemos olvidar que en Derecho de Familia cada abogado/a tiene su “idea” de lo que es una familia y de lo que es “el superior interés del menor”.

 

Ambos conceptos tienen raíces culturales, ideológicas, religiosas, sociológicas, etc. y su conceptuación dependerá mucho de la idea que tenga cada abogado/a de cada concepto. Así nos encontramos con abogados/as de familia con conceptos de familia muy tradicional y católico, como abogados/as que piensan que la mujer es oprimida sistemáticamente por el hombre en el seno de la familia. Estas connotaciones influyen mucho en el resultado más o menos perjudicial (más perjudicial a nuestro entender) para las familias que ha tenido contacto con estos/as abogados/as.

 

Lógicamente, cada juez/a y cada abogado/a posee la misma carga cultural, ideológica, religiosa, etc. que se hacen patentes en sus formas de pedir y dictar sentencias. La carga más peligrosa para estas familias, es la influencia de la carga ideológica del/la abogado/a.

 

En nuestro país se sigue considerando que la madre es la que está más capacitada para cuidar a los hijos/as. Se defiende la idea que el control de la situación familiar tras el divorcio pasa a ser de la mujer. Esto es, en el fondo, una lucha por el poder. Se habla de igualdad de trato, equivalencia, paridad, etc., palabras e ideas muy positivas que se destrozan cuando prevalece la custodia exclusiva sobre la compartida. Resulta difícil comprender tanta contradicción en estos principios, y tanta hipocresía.

 

No debemos olvidar que si hay custodia compartida por ley, los hijos deben estar al cuidado de ambos progenitores, y por ende no hay pensiones de alimentos, salvo casos muy claros de desequilibrio económico.

 

Incluso a raíz de toda esta regulación se ha generado un conflicto, que ha provocado el surgimiento de un movimiento en lucha por la custodia compartida, a favor de padres y maridos que han sido igualitarios, padres comprometidos, respetuosos con las mujeres en cuanto seres humanos, etc. que están llevado la lucha por los derechos de sus hijos/as a poder estar tanto tiempo con su padre como con su madre, y que quieren ser corresponsables de la crianza de sus hijos/as.

                                                                                   

Nos encontramos ante una ideología fomentada desde un sector con falta de empatía social, y que ha sido trasmitida eficazmente a través de medios públicos y privados afines al poder.

 

Aquellos que ostentan el poder se han declinado hacia esta postura para beneficiarse de los votos que aseguraban este discurso propagandístico. De ahí, que lograran que se aprobase una ley tan poco respetuosa con la declaración de los Derechos Humanos como la ley integral de violencia sobre la mujer.

 

Con todo estos datos de fondo, tenemos que contar los abogados/as a la hora de afrontar un divorcio, ya que a las mujeres se las ha convertido en víctimas, aún sin serlo, por el simple hecho de ser mujeres, y a los hombres se les ha convertido en seres maléficos, e incluso agresores por el simple hecho de ser hombres, y ello influirá mucho a la hora de afrontar un conflicto de pareja sea mediante mediación, o mediante un contencioso.

 

Nos congratulamos por el hecho de haber contado con la colaboración indirecta en este estudio de compañeros/as abogados y abogadas, que nos han enseñado hasta qué punto podemos contribuir con nuestro trabajo a destruir a toda una familia, para así estar ojo avizor ante intentos futuros y tratar de evitarlo. De esta forma hemos aprendido tácticas y estrategias preventivas para evitar que se siga utilizando mecanismos desestabilizadores con el objetivo único de ganar un pleito (más dinero para el/la abogado/a), cuando todos/as los que trabajamos en esto desde hace muchos años, sabemos que nunca se gana un pleito de familia. Nos referimos lógicamente a las denuncias inciertas de malos tratos o de abusos sexuales, que curiosamente se dan mucho más en los casos donde un padre pide en un juicio contencioso la CC que en los casos en los que el padre no lucha por ella, ora porque tira la toalla de antemano, ora por que no le interesa.

 

Nuestras pretensiones desde hace muchos años, no poseen carga ideológica alguna, salvo los valores universales del respeto a la igualdad de trato, el derecho a la libertad y al hecho de que todos y todas somos ciudadanos/as del mismo planeta.

 

Toda esta introducción sobre esta guerra ideológica de sexos instaurada desde el poder político que se entabla en nuestras calles, en nuestras casas, en los juzgados, cada día, la realizamos a modo de reflexión para que en un futuro podamos valorar otros aspectos que nunca se suelen tener en cuenta a la hora de afrontar un “caso” de familia, para que abogados/as y profesionales de otras materias asociadas a estos casos, puedan hacer mejor su trabajo. Además, hemos querido introducir en este estudio datos sobre violencia intrafamiliar, donde víctimas y agresores/as son cualquier miembro de la familia, ya que en todos los foros a los que hemos acudido para explicar nuestro anterior estudio sobre CC, nos han reclamado estos datos, y creemos que son necesarios para dar una visión completa del estudio.

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