La noticia es una de esas que no suelen ser objeto de comentario aquí, porque forman parte de una sección de los diarios que este bloguero no frecuenta demasiado. Por una vez, sin embargo, la sección de cotilleo y famosos, que es de la que se trata, trae algo que merece la pena leer y comentar. Se trata, el título lo anuncia, de Paquirrín. Él prefiere que le llamemos Kiko Rivera, pero imagino que entenderá que a los que lo conocimos con ese otro apodo nos cueste apeárselo, y más cuando su acceso a la celebridad, amén de directo e instantáneo, fue principalmente consecuencia de la genealogía que el apodo acredita.

 

Resulta que, como tantos otros españoles, Kiko se ha separado de su pareja, que se llama por lo visto Jessica, y con la que tiene un hijo en común. Como muchos de esos españoles que también se separaron de las madres de sus hijos, ha tenido que batallar por la custodia del niño. Pero, a diferencia de la inmensa mayoría de conciudadanos en su situación, y pese a la oposición de la madre de la criatura (análoga a la de tantas otras madres en el mismo trance), Kiko Rivera se ha visto beneficiado con la concesión de una custodia compartida, sin necesidad de que ésta fuera informada favorablemente por el fiscal (requisito que, junto a la apreciación de circunstancias excepcionales por parte del juez, exige esa medida en caso de desacuerdo entre las partes con arreglo al Código civil vigente).

 

Es de suponer que el abogado o la abogada de Jessica recurrirá la resolución que acuerda este régimen, tan minoritario en los casos de separación y divorcio en España. Pero de momento, y en tanto se ventila el recurso, eso es lo que hay, y el hijo de Isabel Pantoja puede presumir de haber logrado algo que hasta aquí ha venido siendo una quimera para muchos padres divorciados y separados.

 

 

 

 

Para situar este asunto en su debido contexto, hay que comenzar diciendo que muchos padres no manifiestan la voluntad de tener la custodia de sus hijos, y que algunos de los que lo hacen no reúnen las condiciones necesarias para asumirla, ya sea por incapacidad, desinterés o circunstancias varias. Pero que esto se presuma sistemáticamente, como ocurría hasta ahora, es injusto para con los muchos que sí quieren y pueden, y para sus hijos, y también, de otra parte, para los hijos de aquellas mujeres, que haberlas haylas, que tampoco reúnen las condiciones para asumir con plena responsabilidad y la debida solvencia personal una custodia en exclusiva.

 

En el caso de Kiko Rivera, su señoría ha debido apreciar que no son muy diferentes las circunstancias de ambos progenitores, y que ninguno resulta sensiblemente más capaz que el otro de ejercer la custodia. Del modus vivendi y las actividades de Kiko, ya se sabe; y la madre, con una intensa y prometedora carrera como modelo, tampoco parece una mujer volcada en las tareas de ama de casa. Es de suponer que el niño, como habrá ocurrido desde su nacimiento, cuenta con el cuidado de alguna tercera persona que permite a sus dos progenitores llevar la ajetreada vida pública que exige su condición de famosos. No hay ninguna razón para que, siendo ése el caso, y pagando seguramente Kiko los emolumentos de esa persona, se le prive de la custodia para dársela a la madre.

 

 

 

Pero cuántos casos no habrá en España similares, sobre todo en parejas donde ambos desarrollan una carrera profesional, y en los que uno de los progenitores queda reducido a pagano del servicio doméstico que asume buena parte de la carga de la crianza, mientras se ve desplazado de la custodia a favor de una madre que sigue atendiendo sin ningún impedimento sus obligaciones profesionales y reteniendo en exclusiva ese derecho-deber (además de privar a sus hijos de la convivencia con su padre), sin que exista un fundamento racional y objetivo suficiente para esa asimétrica solución.

 

Por no hablar de algún otro caso peor y más dramático, como el de alguna madre que fue designada custodia exclusiva, siguiendo la inercia instalada en la praxis judicial, y que acabó ordenando la ejecución de su ex marido por por un sicario (según sentencia firme). He ahí, sin duda, una madre dotada para asumir las responsabilidades inherentes a su condición. Que en adelante se examinen sin automatismos estos casos quizá impida que en el futuro algún niño acabe custodiado por quien no debe, y puede que algún otro no pierda, sin motivo, la atención de un progenitor amoroso y competente.

 

http://noticias.es.msn.com/blog/lorenzo-silva/post.aspx?post=5ffbdc50-3e75-4efb-bc6f-21b455407c93

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