Psic. Yusmary C. González R. Mgs.

Especialista en Terapia de la Conducta Infantil

La modernidad ha traído grandes beneficios a la sociedad, la cual disfruta de los avances tecnológicos y sociales, pero también padece sus consecuencias; pues en la medida en la que ha ido transcurriendo el tiempo se han venido generando cambios importantes en las estructuras familiares, trayendo consigo consecuencias que en muchos casos resultan negativas o traumáticas.

La familia venezolana no escapa de esta realidad, ya que también ha cambiando su estilo de vida; pues hay una saturación de la fuerza de trabajo, la educación aumenta, la mujer participa más intensamente en la actividad económica, toma decisiones en el hogar, trabaja y tiene control de su vida; pero a su vez hay un aumento en los divorcios, lo que influye en las relaciones entre padres e hijos y en el número de la descendencia.

En función de la información presentada en el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en 2003 hubo 20.077 divorcios, cifras que han ido en aumento con el paso de los años, indicando una estadística alarmante en cuanto a la tendencia que tiene el divorcio en las familias de nuestro país; así mismo se conoció que 11.440 de estos divorcios fueron uniones con promedio de 5 a 14 años, tiempos donde se espera que ya la pareja tenga hijos o hijas, provocando un impacto emocional que no sólo involucra a los padres, sino también a esos niños, niñas y adolescentes que se encuentran en proceso de duelo por la separación, pues en general tienden a mantener el deseo de que sus padres permanezcan juntos aún cuando discuten frecuentemente o tienen problemas graves en su relación.

En el mismo orden de ideas, a pesar de que en algunas ocasiones el fin de la vida conyugal trae consigo resultados favorables para las familias, generando una solución a un problema que no se logró manejar a tiempo; en la mayoría de los casos lo que se piensa que es la alternativa para mejorar la dinámica familiar, se convierte en un campo de batalla; incluyendo frecuentemente disputas entre los padres quienes en diversas ocasiones involucran a sus hijos e hijas, pudiendo ser estos víctimas de maltrato infantil, no solo físicamente por la hostilidad que pueden manejar sus padres; sino también por el manejo psicológico y emocional inadecuado que hacen estos de la situación de divorcio.

En este sentido, se conoce como maltrato infantil a cualquier acto por acción u omisión realizado por individuos, por instituciones o por la sociedad en su conjunto y todos los estados derivados de estos actos o de su ausencia, que priven a los niños de su libertad o de sus derechos correspondientes y/o que dificulten su óptimo desarrollo; siendo entonces parte de esos derechos el garantizar y no obstaculizar el derecho fundamental del menor a mantener sus afectos y vínculos emocionales con sus progenitores y familiares; el cual en condiciones de divorcio en muchas ocasiones se ve interferido por la llamada “Alienación Parental”.

La Alienación Parental es un proceso mediante el cual un niño, de forma permanente, rechaza sin justificación alguna a uno de sus progenitores, como resultado único de una campaña de difamación contra uno de los padres donde el alienador realiza una especie de “lavado de cerebro” para transformar la conciencia de sus hijos con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor, con la intención de hacerle daño al progenitor alienado; lo cual desencadena en los hijos e hijas sentimientos de inadecuación, ansiedad y síntomas característicos que pudiesen indicar que se encuentran atravesando por esta difícil situación que autores como Gardner describen como “Síndrome de Alienación Parental”.

La sintomatología observada en los niños producto de la Alienación Parental, coincide con la descrita en la literatura para las diferentes situaciones que atraviesan los menores que sufren maltrato emocional, a continuación se exponen los problemas más frecuentemente detectados:

–       Trastornos de ansiedad

–       Trastornos en el sueño y en la alimentación

–       Trastornos de conducta

*Conductas agresivas

*Conductas de evitación

*Utilizan lenguaje y expresiones de adultos

*Dependencia emocional

*Dificultades en la expresión y comprensión de las emociones

Al describir el Síndrome de Alienación Parental, diversos autores han refutado en cuanto al uso del término debido a que no posee datos empíricos que lo corroboren ni se encuentra descrito en Manuales Estadísticos de Enfermedades mentales; sin embargo en la práctica se evidencian dinámicas disfuncionales productos de divorcios donde resulta determinante la intervención psicológica para identificar la dinámica conflictiva entre los padres y así dilucidar si este tipo de campañas alienadoras se pudiesen estar presentando.

En este sentido de igual manera surge un llamado de atención a los entes institucionales, a no utilizar este Síndrome como un medio para determinar la custodia o no de un niño, especialmente cuando de por medio hay acusaciones de maltrato o abuso, debido a que pudiese estar perpetuándolo; sin embargo se puede tomar como un indicador a considerar para solicitar valoración psicológica familiar; lo cual generará aportes para llegar a la solución más adecuada para ese hijo o hija que merecen un entorno saludable donde se de garantía a sus derechos constitucionales.

Por este motivo se proporcionan las siguientes recomendaciones con el objetivo de promover una infancia segura:

–       Dar prioridad a los hijos

–       Facilitar una información clara a los hijos, explicando que el divorcio no es igual a abandono.

–       Desligar, claramente, a los hijos del problema

–       NUNCA hay que buscar el ganarse a los hijos versus el otro padre.

–       Evitar “comprar” a los hijos con regalos, atenciones u otras conductas de complacencia, que distorsiona totalmente la relación afectiva parentofilial.

–       Mantener la disciplina, reglas y límites, así como coherencia en ambos lugares.

–       No usar a los niños como mensajeros.

–       No los haga testificar en contra de su otro progenitor.

–       Cumpla con las obligaciones, así como con lo que diga y prometa.

–       Evitar paradojas o exponerlos a que elijan con quien vivir, excepto que sean adolescentes.

–       No formar alianzas, ni convertirlos en amigos o confidentes.

–       No recurra a alienar al otro padre, evitando hablar mal del excónyuge, ni atribuirle la culpa a este; ya que desencadena con facilidad conflictos de afectos y lealtades en los hijos, razón por la que se debe ser impecable con las palabras “Si va a decir algo, que sea bueno”.

–       Aceptar los errores y aprender de ellos.

–       Darse y darle permiso para disfrutar de la vida.

La decisión de los padres al divorciarse no puede ser un motivo para generar maltrato emocional en el niño; al contrario aprendamos de la experiencia, fomentemos la vivencia del duelo y la adaptación satisfactoria de ese hijo o hija a su nueva dinámica familiar.

 

Eduquemos a niños felices.


http://corasca.com/2014/09/alienacion-parental-una-cara-del-maltrato/

 

 

 

 

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