“Soy rica como Miley Cyrus porque tengo dos casas en lugar de una”. Así contaba Violeta, ocho años, a una amiga del colegio cómo era su día a día; estaba encantada con pasar la mitad del mes con su madre, Sara, y la otra mitad con su padre, Miguel. Cuando se separaron decidieron vivir a escasos metros uno de otro y así asegurar que se hiciera efectivo el régimen de custodia compartida que, pedida por él y aceptada a regañadientes por ella, regularía la relación entre los tres. Esta opción, que hasta hace poco tiempo era una excepción, se va convirtiendo en habitual. Las cifras, al menos, así lo indican. Durante 2013, último año del que hay datos, el 17,9% de las parejas se acogió a este régimen. De las 50.000 sentencias de divorcio con hijos de por medio que se dictaron, en 38.260 se dio la custodia de los menores a la madre, en 2.804 al padre y en 9.032 a ambos. Tan solo cinco años atrás apenas el 9,7% de las custodias se otorgaron a ambos cónyuges (frente al 86% que fueron para la mujer y el 4% para el varón).

Un padre con su hijo.

 

Las cifras han cambiado por muchas razones. La primera, la aparición en algunas comunidades autónomas de leyes que dan preferencia a esta fórmula. Aragón sentenciaba en 2010 una norma pionera que da preferencia a la custodia compartida como regla general, en vez de considerarla excepcional, como rige en el Código Civil para las regiones que no disponen de legislación propia. Tres años después de la aprobación, uno de cada cinco divorcios se resolvía en tierras aragonesas dividiendo el tiempo de estancia de los niños con ambos progenitores. Por ello, el Gobierno de Aragón se ha visto obligado a duplicar el número de psicólogos y trabajadores sociales que elaboran los informes de mediación familiar ante el incremento de solicitudes. A esta comunidad siguieron Valencia, Cataluña y Navarra, que han legislado en el mismo sentido.

 

Ahora queda el último paso: aprobar en las Cortes el Anteproyecto de Ley sobre el ejercicio de la corresponsabilidad parental en caso de nulidad, separación y divorcio, que ya fuera aprobado en Consejo de Ministros en julio de 2013 y que establece que la guardia y custodia de los niños recae en los dos progenitores de forma prioritaria si uno de ellos lo solicita. Esto equipararía la legislación española a la de los países de nuestro entorno. En Alemania, Francia, Reino Unido e Italia la ley recomienda que los jueces la implanten en el caso de que el matrimonio no llegue a un acuerdo tras separarse. También es la primera opción en Bélgica e Italia, y se otorga siempre que existe consenso entre los progenitores en Noruega y Portugal.

Pero no todo resulta tan sencillo y hay quienes se resisten a la implantación de este régimen. El desconocimiento de lo que realmente supone y el miedo a convertir a los hijos en niños maleta han levantado suspicacias. Resulta complicado cambiar la mentalidad de una sociedad que ha visto cómo durante décadas la familia se aglutinaba alrededor de la madre. La actriz Mar Regueras aseguraba hace unos meses en las páginas de esta revista que los hombres “piden esta fórmula para ahorrarse el dinero de la pensión”. “El cuidado de nuestros hijos es el único privilegio que nos queda a nosotras y nos lo quieren arrebatar, ¡estamos yendo contra natura!”, decía.

Sara entiende muy bien de lo que habla la actriz. Cuando Miguel le planteó la posibilidad de compartir la custodia de su hija, hace ya tres años, se resistió con uñas y dientes, consideraba que aún era muy pequeña, que necesitaba sus cuidados. “Me convenció mi propia hermana, que se ocupa en solitario de dos hijos adolescentes porque el padre se limita a ingresar la pensión y poco más. Me dijo, ‘¿pero sabes la suerte que tienes de que tu ex quiera hacerse cargo de su hija?'”. Y firmó mientras se cuestionaba si estaba siendo buena madre. Ahora admite que todo son ventajas: “No he privado a mi hija de ver a su padre, ella está feliz y yo he conseguido una vida propia, incluso una pareja. Las mujeres tenemos que alejar ese fantasma de la culpa y el deseo de cargar con toda la responsabilidad de cuidar a nuestros hijos. Va en detrimento de la proyección personal y profesional, y hace daño tanto a los niños como a los padres comprometidos”.

Ana Clara Belío, abogada matrimonialista y una de las fundadoras del despacho ABA, afirma que hoy por hoy la forma de establecer las custodias “resulta un traje a medida”. “Cada juez decide lo que considera conveniente”, dice, “se tiende a la corresponsabilidad parental, si no es al 50% al menos al 40%. Hay regímenes con visitas tan amplias que, de facto, son compartidas aunque no lleven ese adjetivo”. La letrada recuerda que estas “no son un derecho, sino una obligación de los progenitores, y debe exigirse su cumplimiento”

El Tribunal Supremo ha determinado que se puede establecer la custodia compartida siempre que exista una buena comunicación en la pareja. “Es lógico”, argumenta Belío, “ambos tienen que estar muy pendientes de la ropa, los deberes, las actividades extraescolares, los médicos… Pero, mientras la relación no suponga una lucha continua, aunque sea inexistente, se puede llevar a cabo sin problema”.

En su bufete, cada día son más los hombres que solicitan este régimen. La mayoría ya se ocupaba de su sus hijos mientras la unión funcionaba. “Hay quienes ven en esta fórmula una manera de abaratar la pensión de alimentos. Es una equivocación, porque los gastos no se dividen por la mitad, se tienen en cuenta los ingresos de cada uno. El uso de la vivienda también supone un punto de conflicto muy importante”, añade.

El Anteproyecto de Ley que está pendiente de aprobación elimina un punto polémico, según el cual el juez tiene la posibilidad conceder la custodia compartida sin que ninguno de los progenitores la pida. “Supone una intromisión ilegítima en la vida familiar”, afirma la letrada, “hay parcelas de la intimidad con tus hijos que no se pueden regular jurídicamente. Eso debe ser inviolable. En este momento, en temas de familia no existe unificación de doctrina, queda al arbitrio judicial”.

Uno de los jueces que se encarga de decidir estos regímenes es Francisco Ruiz-Jarabo, titular del Juzgado de Primera Instancia número 25 de Madrid. El magistrado ha comprobado cómo lo que antes era una petición rarísima ahora se torna en habitual: “Se nota muchísimo quién lo pide por tema económico y quién porque realmente lo desea. Los abogados relatan que algunos clientes acuden a sus despachos solicitando ‘una de esas custodias en las que no hay que pagar’. No saben que los artículos 55 y 56 del Código Civil definen que se paga en proporción a la capacidad económica”.

Ruiz-Jarabo se confiesa acérrimo defensor de esta fórmula: “Llegué al juzgado en contra del niño mochila, hasta que empecé a ver que funcionaba extraordinariamente bien. Tiene su lógica. Cuando alguien se queda con el pack completo -los hijos, la casa y la pensión- germina la idea de que existe un ganador y un perdedor en el proceso, y esto genera mucha tensión entre los excónyuges”.

Además de estudiar cada caso, Ruiz-Jarabo tiene sus premisas para decidir que los pequeños estén con papá y mamá a tiempo más o menos igual: que haya comunicación entre ellos y que su mala relación no afecte a los pequeños. También es necesario que ambos domicilios estén cerca. “Han llegado a pedirme una custodia compartida mientras el padre vivía en España y la madre en Chile. Los periodos de estancia tienen que ser cortos y frecuentes, incluso hasta se puede repartir el día en dos, la mañana para uno y la tarde para el otro, en el caso de los bebés. Además, hay que escuchar a los hijos si son mayores de 12 años o tienen madurez suficiente”.

El punto más conflictivo de una separación es la vivienda, “ni la custodia ni la manutención”, afirma el magistrado. “Hay que desacralizar este tema, uno puede cambiar de casa o venderla, no pasa nada”, dice. Sobre la ley que está a punto de aprobarse tiene sus dudas: “Es demasiado tibia, pone en el mismo punto de salida la custodia compartida y la exclusiva. No entiendo por qué se ha retirado el apartado que contemplaba que los jueces podíamos decidir la primera aunque ninguno de los padres lo solicitara. Yo lo he hecho en mi juzgado”

Esta fórmula, sin embargo, no despierta entusiasmo en todos los sectores; varias asociaciones feministas le han declarado la guerra. La política y escritora Lidia Falcón ha manifestado en numerosas ocasiones que los padres solicitan la custodia para vengarse de la mujer que pide el divorcio y evitar pagar la pensión de alimentos. La misma postura se mantiene desde la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas y desde la Federación de Mujeres Progresistas, muy reacias a que se instaure a no ser que ambos progenitores lo deseen. También la Asociación de Mujeres Juristas Themis muestra sus reticencias y apuesta por su aplicación únicamente cuando exista armonía entre los excompañeros y ambos se hayan ocupado de forma igualitaria de los chiquillos durante la convivencia; asimismo rechazan la imposición por parte de un juez si alguna de las partes no la desea. “Es más feminista la custodia compartida porque beneficia a la mujer”, rebate el juez Ruiz- Jarabo, “le deja tiempo para cuidarse, descansar, irse de fiesta o buscar una nueva pareja”, rebate el juez Ruiz-Jarabo

Una madre cuidando de su hijo.

En los procesos de divorcio cada vez es más habitual que entren en juego los mediadores para llegar a un acuerdo. Cristina Pajares ejerce ese papel en uno de los centros de apoyo a la familia del Ayuntamiento de Madrid y recibe a las parejas para ayudarlas a limar asperezas y redactar un convenio. Sabe que hay tantas custodias como familias: “Hacer el reparto al 50% en muchas ocasiones es una locura”, afirma, “hay que tener en cuenta los horarios de los niños, de los padres y ajustar ambos. Cuando los chicos son adolescentes suelen funcionar muy bien las estancias trimestrales, uniendo los cambios de domicilio a las vacaciones. En cualquier caso, no pueden crearse niños mutilados borrando a un progenitor del mapa de un plumazo”.

Pero, a pesar de que jueces, abogados y mediadores apuestan por esta fórmula, a veces el modelo falla. La abogada Mónica Ruiz cuenta varios casos en los que los padres que disfrutaban de custodia compartida han renunciado a ella. “Crean nuevas familias y ya no quieren ocuparse tanto de los hijos nacidos de una unión anterior. Para el padre supone un incremento en la cuantía de la pensión de alimentos, para los chavales, un sentimiento de abandono terrible”.

No obstante, la realidad se impone provocando que cada vez más progenitores se hagan corresponsables de la educación y el cuidado de sus hijos. Cristina Pajares recuerda cómo dos pequeños le contaban que vivían en una casa con un pasillo muy largo. En realidad, ese corredor no era otra cosa que el tramo de calle que separaba el hogar paterno y del materno. Una bonita metáfora del vínculo que puede llegar a mantener una pareja rota por el interés de sus hijos.

Las novedades de la ley

  1. Regula la guarda y custodia compartida no como un régimen excepcional, sino como una medida que puede dictar el juez si lo considera conveniente para la protección del interés superior del menor, tanto cuando lo solicitan los progenitores de mutuo acuerdo o uno con el consentimiento del otro, o cuando, no mediando acuerdo, uno de ellos lo pide. Hasta ahora era excepcional y debían solicitarlos ambos cónyuges.
  2. Se incorpora expresamente la posibilidad, no la obligación, de que los progenitores, de común acuerdo o por decisión del juez, acudan en cualquier momento a la mediación familiar para resolver las discrepancias derivadas de su ruptura.
  3. Las medidas definitivas ya adoptadas se podrán modificar cuando lo aconsejen las nuevas necesidades de los hijos o se modifiquen las circunstancias de los padres. Se elimina la exigencia establecida hasta ahora de que se produjera un cambio sustancial.
  4. Para determinar el régimen de custodia, el juez recabará informes del Ministerio Fiscal, sin que esto tenga carácter vinculante. Hasta ahora lo es.
  5. Se extiende, en caso de crisis matrimonial, el derecho de los hijos a mantener relaciones personales con los hermanos u otros parientes y allegados, no solo con los abuelos. Debe regularse judicialmente siempre que se considere necesario, en interés del menor, pero sin imponerlo cuando los chicos se opongan expresamente.
  6. No se otorgará la custodia, ni individual ni compartida, al progenitor contra quien exista sentencia firme por violencia doméstica o de género.
  7. Una de las novedades más importantes de esta reforma es la relativa a la liquidación del régimen económico matrimonial desde el inicio del proceso.

http://www.elmundo.es/yodona/2015/04/27/5537d55fe2704e64448b4576.html

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