La custodia compartida ya no es una excepción. Lo dice el Tribunal Supremo, que apuesta firmemente por esta fórmula pese a los roces que puedan existir entre los padres. En concreto, el TS dicta que la existencia de «divergencias razonables» en una expareja no suponen un impedimento para que el juez falle a favor de este régimen en el que padre y madre ejercen la custodia legal de los hijos menores de edad en igualdad de condiciones y de derechos. Lo que prima es la integración del menor con sus dos progenitores, dice una sentencia del Supremo que trascendió hace unos días. Ese fallo, que resolvió un caso en el que fue el padre quien solicitó la custodia compartida, pone por delante la importancia de que el hijo no sufra el sentimiento de pérdida. Es más, resulta «deseable», dicen los magistrados, porque evita los desequilibrios y «no cuestiona la idoneidad de los padres estimando su cooperación en beneficio del menor»

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Es por eso que no tiene que haber un acuerdo sin fisuras, sino «una actitud razonable y eficiente en orden al desarrollo» del hijo y una capacidad de diálogo entre sus progenitores. El tribunal revocó así una sentencia previa de la Audiencia de Sevilla que le había concedido la custodia a la madre, precisamente debido a que había detectado un «importante» nivel de conflictividad en la expareja. Ambos discutían sobra la escolarización del hijo, y la mujer había sido condenada por una falta de coacciones tras cambiar la cerradura del domicilio familiar.

Llegados a este punto, cabe decir que lo que verdaderamente hará que la balanza se incline hacia uno u otro lado reside en si los problemas entre los ex son lo suficientemente graves como para que repercutan negativamente en los menores. Ya lo dijo recientemente el letrado Ignacio Bermúdez de Castro: «Una vez más, el Supremo está haciendo lo que no hace el legislador, crear jurisprudencia sin ley». No obstante, esta clase de sentencias ya se dictaban en Primera Instancia con anterioridad al pronunciamiento de sus magistrados.

Una de ellas es la que salió del Juzgado de Primera Instancia número 1 de Ferrol el pasado mes de diciembre, un caso en el que también fue el padre quien tomó la iniciativa a la hora de solicitar la custodia compartida en el marco de un divorcio contencioso. El juez la concedió, revirtiendo la custodia que previamente se le había concedido a la madre al estimar que había quedado acreditado que el progenitor gozaba de plena disponibilidad para hacerse cargo de sus dos hijos, dado que trabaja desde casa. Además, la sentencia dice que aunque él viaje ocasionalmente por motivos laborales, «la familia paterna también cuenta con plena disponibilidad».

El solicitante, representado por el abogado Eduardo Elías, deberá abonar 250 euros mensuales durante cinco años para cada uno de sus dos hijos y otros 500 para su ex en concepto de pensión compensatoria al considerar que ella ha visto empeorado su nivel de vida. Los regímenes son tantos como casos existen a lo largo y ancho del país. Pero lo cierto es que con el anteproyecto de ley en ciernes y sin estar aún regulado por el Código Civil, el sistema más común es el de la custodia compartida semanal.

De esta forma, el menor reside en semanas alternas de lunes a lunes con cada progenitor, con recogida y entrega en el colegio y un día de visitas intersemanal en el que duerme en casa del otro progenitor. Cada uno sufraga los gastos correspondientes al período en el que el hijo esté en su domicilio, mientras que otros como los escolares se pagan a medias cuando las economías sean similares.

Una práctica que tiene adeptos y detractores, y que supone cambiar el sistema clásico por otro en el que padre y madre tienen el mismo nivel de implicación. Los menos afines apelan a la inestabilidad del menor por la existencia de las dos viviendas, algo que Jesús Orois, presidente de la Asociación Custodia Compartida Xa!, califica como una «falacia interesada». Así, indica que «no existe ningún estudio institucional serio que lo demuestre», mientras que diferentes universidades y profesionales han realizado otros que sí certifican la custodia compartida como mejor opción, eliminando la figura del «niño-maleta» que pasa «veintiséis días con mamá y cuatro con papá». El portavoz recuerda que el artículo 92 de la Constitución Española, que regula el proceso de custodia, «en ningún momento dice que haya de ser entregada a la madre, como sucede en el 92 % de los divorcios en Galicia. Y resulta absurdo pensar que ese mismo porcentaje de hombres seamos maltratadores».

En este sentido, el anteproyecto de ley del 10/04/2014 no solo impone la custodia compartida de forma preferente tal y como había dejado en camino el anterior ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, sino que incluye la posibilidad de que la obtengan los condenados por violencia de género. Un aspecto que levantó polémica cuando las asociaciones de mujeres accedieron al borrador en enero. Pese a todo el ministro de Igualdad, Manuel Alonso, prometió «introducir las garantías para que los condenados por maltrato no tengan relación con sus hijos».

El caso de Eduardo Canedo

Lo de Eduardo Canedo fue una lucha encarnizada por la custodia compartida de su hija Itziar. Decidió divorciarse en el 2010, y por aquel entonces el juez le concedió la custodia a la madre. Dos años después, harto de disfrutar de su hija solo un fin de semana de cada dos con otros dos días alternos entre semana, dio el paso. Y no lo hizo solo, porque a sus ocho años ?ahora tiene 11? Itziar le dijo al juez que quería este régimen en un juicio al que se llegó por la oposición de su madre. Finalmente se la concedieron, y en la actualidad la misma expareja que antes se llevaba como el perro y el gato, mantiene una magnífica relación. Pero no ha sido fácil.

Eduardo recuerda la angustia vivida y señala que «puedes ser un mal esposo, pero no tienes por qué ser un mal padre». Tanto es así, que dice que la crianza de los hijos «no es un derecho, es mi obligación». Es igual de tajante con la custodia compartida: «Lo de que es complicado son chorradas, lo otro sí que era difícil. Además corres el riesgo de convertirte en el «padre Burger King» que lo consiente todo, y también hay que sentarse con ellos y reñir. Este es el sistema adecuado, pero es más fácil limitarse a pasar 300 euros», sentencia

 

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/extravoz/2015/05/10/padre/00031431096114001750279.htm

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