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Ser padres, es cosa de hombres PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 22 de Junio de 2016 11:02

El experto en temas de familia, Sergio Sinay, adelanta en esta entrevista, algunos de los planteos que compartirá con los sanjuaninos sobre la paternidad actual. Sin lugar a dudas es una buena excusa para reflexionar sobre el rol de los varones a la hora de dedicarse a la crianza de los hijos.

Se podría decir que Sergio Sinay, escritor y periodista, formado en psicología gestáltica, transpersonal y autoasistencia psicológica y en Sociología, tiene bagaje y recursos académicos suficientes para ser catalogado como un curioso de las relaciones humanas más básicas y necesarias de los seres humanos. Desde que nació su hijo Iván se observa a sí mismo y a otros, se pregunta y trata de responderse, escucha, lee, analiza y estudia, pero también comparte sus miradas sobre el lugar que ocupan los padres (mamá y papá, por supuesto) y los hijos en el camino que transitan por la vida y lo que van encontrando a lo largo de ese recorrido. El próximo miércoles llega a la provincia, de la mano de la Fundación Osde, con una propuesta más que interesante: propone hablar de que \\\'ser padres, es cosa de hombres\\\'. Lo que sigue es parte de lo que piensa, cree y defiende con la palabra, la convicción y el alma. 

¿Por qué será que se pregunta cuál es el rol del padre? ¿Será porque social e históricamente el rol de la mamá es más asumido?

Eso es central. Somos parte de una cultura en la cuál pareciera que los hijos son un poquito más de la mamá que del papá. Esto se ve incluso en muchos casos judiciales, en los que hay una especie de creencia en los jueces que los chicos necesitan más de la madre que del padre. Mientras el hombre sea un aportador económico presente, pareciera que es suficiente. Pero eso es absolutamente cultural. Por ejemplo, un varón no puede amamantar pero sí puede alimentar. Amamantar es una forma de alimentar, pero no la única. Lo importante no es solamente el alimento físico, material sino el alimento emocional y amoroso que lo acompaña. Lo que pasa es que en esta cultura ciertas diferencias reales de orden biológico entre varones y mujeres se convierten en diferencias culturales y esas diferencias culturales se convierten en creencias y estas creencias se convierten en dogmas y esos dogmas se repiten como si fueran leyes de la naturaleza, leyes que dicen que \\\'mamá es más importante que el papá\\\'. Esa falacia fue empujando a los padres al lugar del proveedor económico, del proveedor material y del administrador de castigos y recompensas.

Y ese lugar, ¿no es un poco cómodo para el papá?

No creo que haya una comodidad del papá. Creo que en el fondo, en muchos hombres, lo que hay es un dolor no dicho, un dolor no confesado, un dolor inconsciente por estas lejanía emocional entre el varón y sus hijos. Pero también creo que hay una sobrecarga emocional en las mujeres y hay un resentimiento que dicen y peor aún que temen manifestar para no ir contra esas leyes de la naturaleza. Las mujeres están sobrepasadas por tener que cargar absolutamente ellas con todo. En definitiva de lo que estoy convencido es que si para concebir un hijo desde el punto de vista biológico es necesario un hombre y una mujer -y esto es inalterable, al menos hasta que no haya clonación de seres humanos y ojalá que nunca la haya- también son fundamentales los dos para criarlos, para educarlos. Y el padre es irremplazable, su lugar se reivindica por su actitud, su presencia, su conducta, y por una doble necesidad: los hijos necesitan del padre y los padres para hacerse tal necesitan de los hijos. 

¿Hay un cambio en el rol del papá, en los últimos tiempos o sigue inalterable? 

Hay algunos cambios. Hay muchos más papás presentes, algunos papás jóvenes son diferentes y se ocupan más de sus hijos pero también hay muchos papás grandes, que a lo mejor son padres por segunda vez en un segundo matrimonio, que también están más presentes porque han reflexionado y les ha dolido su propia ausencia quizás cuando fueron padres en su juventud. Ahora tienen una segunda oportunidad. De todos modos, que existan estos papás no representa un cambio cultural. Es una decisión que toman estos hombres por sí mismos pero no es parte de un cambio, de una transformación. Es algo que va ocurriendo. Para que los cambios necesarios en los modelos masculinos, en los mandatos machistas se produzcan tiene que ocurrir a la inversa de los cambios femeninos. Esta vez no se van a dar colectivamente, sino que se van a ir dando de a uno. Porque las mujeres para salir al mundo tuvieron que sortear lugares muy oscuros, muy recluidos, tuvieron que salir del fondo de la casa, atravesar una medianera, un umbral y así llegar al mundo externo y pelear entre todas por un lugar en ese mundo. Los hombres, en cambio, tenemos que pelear por un lugar en el mundo interno, meternos adentro de la casa. Es como si hubiera que pasar por un embudo: las mujeres atravesaron de la parte finita hacia la ancha para salir al mundo, los hombres tenemos que venir de la parte ancha y escabullirnos a la parte finita, hacia el adentro. Esto implica ir hacia adentro de cada uno de nosotros, ir a lo emocional. Por eso no es colectivo. Puede ser simultáneo pero no colectivo. Los hombres tenemos que ir a la conquista de la intimidad. Porque lo público ya lo hemos conquistado y gobernado, hace rato.

Cuando se habla de presencia del papá, ¿a qué se aspira?

La presencia empieza por lo físico. Si un hombre cree que es más importante que él permanezca en su trabajo para ganar más dinero para asegurarle a su hijo una buena educación en una universidad bien pagada, por ejemplo, y que por lo tanto, puede faltar a la graduación de su chico, al acto escolar o lo que sea porque cree que de alguna manera está cumpliendo, está equivocado. Él está ausente. Hay muchos padres que se creen buenos padres porque sacrifican el contacto con los hijos para dedicarse a trabajar más y que a sus hijos no les falte nada desde el punto de vista material. Mientras tanto, nunca se dieron cuenta en qué momento esos hijos se habían convertido en personas adultas y a cambio, solo recibieron reproches de parte de sus hijos por la ausencia. Hay que saber que cuando uno tiene un hijo tiene que rediseñar su vida, rediseñar sus prioridades y quizás, a veces, haya que trabajar un poquito menos, haya que reordenar lo material y ser más receptivos. Este rol de papá hay que vivirlo con una presencia emocional, permitirse transmitir modelos cercanos de masculinidad, mostrar cómo siente un hombre, cómo piensa un hombre, cómo es un hombre cuando está triste porque sino el padre parece que siempre es igual, o no se sabe como es, o es un robot o simplemente una tarjeta de débito bancario. 

Eso marca que no es solamente presencia, es también acción, sentimiento, actitud.

Muchos creen que estar presente es jugar mucho con los hijos y entonces se convierten en un hermanito mayor. Está bueno eso, jugar y divertirte. Pero la relación padre-hijo no se reduce a eso. Está científicamente estudiado que cuando los padres varones están más presentes en la vida de sus hijos, en la cotidianeidad, en el día a día, las hijas mujeres suelen ser mucho mejor alumnas en Matemática y los hijos varones suelen ser mucho mejor en Letras, aunque normalmente se crea que las mujeres no son hábiles para las Matemáticas y los varones no lo son para las Letras. Hay una relación que está estudiada que a mayor presencia paterna se desarrollan en cada uno, tanto en el varón como en la mujer, todos los aspectos, incluso los aparentemente opuestos: varones más sensibles, mujeres más agudas en la inteligencia práctica.

¿Tiene que ver con el ejemplo? 

Tiene que ver con la presencia, con el ejemplo, con que se amplía el \\\'menú\\\' para los hijos. Por ejemplo un papá juega más físicamente con los hijos, en cambio los juegos de las madres tienden a ser más intelectuales. El papá les hace caballito, los tira al aire y los baraja, la mamá les compra los móviles, los libritos, los encastres. Y ¿por qué? Porque ella no los puede alzar y tirarlos al aire. El papá es más físico porque los varones somos más físicos, tenemos temperaturas corporales diferentes a las una mujer, incluso olores que se perciben distinto. Por eso cuando cuando un chico tiene contacto cercano con esta diversidad, tiene también una mayor riqueza del mundo. Una nena que tiene un papá presente en todos los aspectos, es decir que también lo puede ver triste o preocupado y no solamente siempre juguetón, contento, fuerte y poderoso, va a tener un modelo de masculinidad mucho más orientador para su propia búsqueda como mujer cuando ella sea grande. Y un nene que tiene un papá así, también se va a dar cuenta cuando aparezca en él la tristeza o la duda o la debilidad, que nada de eso lo hace menos hombre porque él vio a un hombre -su papá- expresar estas emociones. Por cosas casi invisibles, podría decir, o inconscientes, la presencia del padre es fundamental. Es importante para que los hijos se vayan completando como personas.

¿Este concepto es el que da el nombre a tu charla?

Y es que ser padre es sin lugar a dudas cosa de hombres. Muchas veces cuando sobreviene un divorcio, muchas mamás terminan diciendo o creyendo que pueden ser madre y padre de sus hijos. Pero ninguna mujer puede ser madre y padre a la vez. Toda mujer puede ser la mejor madre posible, ni siquiera la mejor del mundo, sino la mejor que ella pueda ser. Como ningún hombre puede ser padre y madre. Él puede ser el mejor padre. El lugar del padre no es un lugar reemplazable o que si no está no importa tanto como el de la madre. 

Estar presente como papá, ¿genera miedos, presiones?

Si especialmente en el varón. El varón, en nuestra cultura, sigue educado para ganar, para ser un productor eficiente, un héroe. No se admite el no poder. No se admite la duda, no se admite el no tener. Por supuesto que esto lleva inconscientemente a muchos hombres a simplificar y a creer que si ellos aportan económicamente ya está resuelta su tarea como padre. Y la verdad que el gran desafío no es el económico, sino el emocional. Y ahí si hay miedo porque los hombres todavía somos analfabetos emocionales. El analfabeto no es alguien que no puede leer, sino que no sabe leer. Pero si se le enseña va a leer, no está discapacitado para la lectura. Es que no aprendió a leer. Y en el orden emocional, los hombres no estamos educados pese a que todos los seres humanos venimos al mundo con emociones. En cambio, estamos educados productivamente. Entonces cuando un hombre se acerca al ejercicio de la paternidad por supuesto que tiene miedo porque no está emocionalmente educado, ni desarrollado y de alguna manera así como cuando se acerca emocionalmente a una mujer se educa emocionalmente, cuando se acerca a sus hijos con presencia real, se educa emocionalmente. Es una oportunidad. Y como todo lo que es nuevo y como todo aquello en lo que uno no ha tenido práctica ni modelos, genera miedos al principio.

¿Esta charla está basada en tus experiencias personales o es producto de observaciones y material de estudio? 

Como todos los temas que mí me preocupan y de los que me ocupo, escribo y doy charlas, empiezan atravesándome en lo personal. Es que si yo no desarrollo las cosas desde adentro hacia afuera, desde la vivencia, desde el corazón o desde el sentimiento hacia el desarrollo intelectual de ese tema, no me atrae, no me compromete. Con la paternidad y la relación padre-hijos he trabajado mucho con grupos de reflexión de hombres. Y lo he trabajado en mí mismo, como padre todo el tiempo, y ahora como abuelo más o menos flamante -porque tengo un nieto de un año y medio- y a su vez ahora veo de cerca a mi hijo pasar por las mismas cosas que pasé, cometiendo errores, errando y aprendiendo. La charla nace desde la experiencia pero también desde la empatía de ver el dolor de muchos hijos por esa ausencia paterna y del dolor de muchos padres por no haber podido acercarse como necesitaban o querían porque estamos en una sociedad que yo digo tiene hambre de padre y empacho de madre. Por eso la charla es abierta a hombres y mujeres. Porque creo que es importante que las mamás escuchen estas cosas que nos pasan, que entiendan las diferencias. Muchas veces sucede que un papá se acerca y quiere hacerse cargo de los chicos, como ellas les piden. Pero a su vez, aparece la crítica destructiva, por cómo lo vistió, que ella lo hubiese hecho mejor, etc. Y la verdad es que las mamás no tienen un \\\'vistómetro\\\\\\\\\\\\\\\'\\\\\\\\\\\\\\\' que mide cómo se viste bien a un hijo, las mamás tienen una práctica, nada más. El papá lo va a vestir diferente, no peor, diferente. No le va a dar de comer peor, sino diferente. No juega de una manera más peligrosa o más bruta, juega de manera diferente. El papá seguramente va a cumplir su \\\'misión paterna\\\', desordenando lo que la mamá ordenó. Y ahí es dónde ambos tienen que aprender algo para hacer mejor la relación. Por ejemplo, la mamá bañó al niño, le dio de comer y lo acostó. Pero llega el papá que no lo vio en todo el día, entonces lo despierta para jugar. Y ahí se arma la guerra: que la madre dice que ahora no, y el papá dice, que si no es ahora ¿cuándo?. El papá tiene que tener el compromiso de volver a ordenar. No es que no pueda desordenar, tiene que desordenar porque es el momento que tiene para su hijo. Lo que tiene que saber es que no es un hijo más que deja las cosas tiradas. Tiene que ordenarlas después.

Tu mirada ¿es un buen regalo del Día del Padre?

Podría tomarse como un regalo para que el Día del Padre no sea ese día en que con la plata del padre, los hijos le compran un regalo, cada vez más caro. Sino que el regalo sea, en todo caso, que padres e hijos estén mas cerca.

 

http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=718885

 

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